Monday, October 4, 2010

3 trozos

de Nada
capítulo 1: pg 20
     Tres estrellas temblaban en la suave negrura de arribe y al verlas tuve unas ganas súbitas de llorar, como si viera amigos antiguos, bruscamente recobrados.
     Aqul iluminado palpitar de las estrellas me trajo en un tropel toda mi ilusión a través de Barcelona, hasta el momento de entrar en este ambiente de gentes y de muebles endiablados.  Tenía miedo de meterme en aquella cama parecida a un ataúd.  Creo que estuve temblando de indefinibles terrores cuando apagué la vela. 

de Entre Visillos
capítulo 15: pg 208
     Todo en aquel edificio me recordaba un refugio de guerra, un cuartel improvisado.  Has las alumnas me parecían soldados, casi siempre de dos en dos por los pasillos, mirando, a través del ventanal, cómo jugaban al fútbol los curitas, riéndose con una risa cazurra, comiendo perpetuos bocadillos grasientos.  Tardé en diferenciar a algunas que me fueron un poco más cercanas, entre aquella masa de rostros atónitos, labrantíos, las manos en los bolsillos del abrigo, calcetines de sport.  En los días de sol, por huir de las aulas tan inhóspitas, las llevé alguna vez a pasear por la trasera del edificio.  Nos sentábamos en el terraplén de las vías, y les iba explicando los nombres de las cosas, les hablaba de geografía y viajes.  Cuando pasaba el tren nos callábamos porque con el ruido no se entendía nada y luego me costaba trabajo reanudar la charla, porque siempre se reían y les bailaba la risa un rato, recién desaparecido el tren, mirando el sitio por donde se había borrado hacia aquel paisaje seco y pardo del fondo, pegado al horizonte. 

de Los Hijos Muertos: pg 164-165
   Daniel sintió un malestar súbito. Se notaba, por momentos,
como atraído hacia Herrera. Y, sin embargo, prefería no volver
a hablarle. Entonces dijo, como si pensase en voz alta:
   -¡Usted sabrá lo que quiere, ya es bastante bueno saberlo!
Yo, en cambio, me despierto a veces sin motivo, de un modo
brusco, por la noche; casi siempre al borde del amanacer. Como
si alguien tirase de mí y quisiera arrancarme de la cama. Pero lo
más triste es que no va a llevarme a ninguna parte. Sí, amigo -y se
sorprendió, de pronto, de aquella palabra-. Sí -repitió-, todo
está vacío. Veo, recuerdo lo que fui, como veo en este momento
a esa mosca que está paseándose por el borde de la mesa. Y no
es por culpa de la enfermedad, de eso puede estar seguro.
   Diego Herrera le observaba de un modo húmedo, manso,
que le irritó. Le miró a los ojos.

1 comment:

  1. Me gustan tus trozos, Brittany :) En referencia al trozo de Nada, me gusta la imagen “Tres estrellas temblaban en la suave negrura de arribe y al verlas tuve unas ganas súbitas de llora.” También, en el trozo de Entre visillos me gusta la imagen “pegado al horizonte”…es una imagen muy viva.

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